Neuromarketing: Mecanismos de percepción y evaluación del precio

Neuromarketing: Mecanismos de percepción y evaluación del precio
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La importancia de los mecanismos de percepción en la estrategia de precios

¿Por qué un precio es aceptado mientras que otro es rechazado?
¿Por qué un precio es percibido como justo y otro como injusto?
¿Por qué algunos precios son coherentes con el valor esperado por el cliente y otros no?
¿Por qué en algunos productos un alto precio eleva la percepción de la calidad y en otros no?
Escribe: Néstor Braidot 1
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Al igual que los demás estímulos de marketing, el precio es un input que, al ingresar al cerebro del cliente, es inmediatamente asociado con un conjunto de conceptos que inciden en su percepción de valor, por lo tanto, en la transición desde la intención a la acción de compra propiamente dicha.

Al analizar la percepción del precio, los especialistas en Marketing venimos diciendo desde hace décadas que, debido al denominado “efecto de equidad”, los clientes son más sensibles al precio cuando éste se ubica fuera de la gama de lo que consideran justo o razonable. En un supermercado, un precio percibido como injusto por el target puede llevar al producto a engrosar los inventarios. En un proceso de negociación, puede tirar abajo un negocio entero.

Durante un experimento, el equipo de Kahneman pidió a los encuestados que calificaran la actitud comercial de un negocio minorista que, tras una nevada, subió el precio de las palas para quitar la nieve de 15 a 20 dólares. El 82% de los participantes consideró a esta acción como injusta o muy injusta.

Luego, los investigadores sustituyeron los términos “justo” por “aceptable” e “injusto” por “inaceptable”, y añadieron una frase adicional al narrar la situación hipotética diseñada originalmente por Kahnemann:

“La ferretería actuó de este modo para evitar que se agotara el stock y, de este modo, satisfacer la demanda de sus clientes ya que otro negocio idéntico había elevado el precio a 20 dólares”. En este segundo experimento sólo el 32% calificó la acción de la ferretería como injusta o muy injusta.

Los estímulos involucrados en el sistema de recompensa son procesados por neuronas ubicadas en diferentes estructuras del cerebro que interactúan entre sí.
Algunas de estas neuronas están en el striatum y en áreas de la corteza frontal y parietal y se cree que codifican las metas comportamentales al tiempo que se recibe una recompensa.
Asimismo, se ha descubierto que otras neuronas, ubicadas en el striatum y la corteza órbito frontal, si bien no responden ante recompensas inmediatas, parecen anticipar recompensas futuras.

Ahora bien ¿qué ocurre en el cerebro cuando el precio es percibido como injusto? La Neuroeconomía moderna ha emprendido una gran cantidad de investigaciones que arrojan resultados muy interesantes. Veamos algunos de ellos:

  • Durante un experimento en el que se utilizó un resonador magnético funcional, un grupo de científicos norteamericanos comprobó que hay personas capaces de sacrificar beneficios cuando consideran que una oferta es injusta. Las imágenes mostraron que, frente a la percepción de injusticia, se activaba una zona cerebral (la ínsula) que se asocia con el disgusto. Los participantes prefirieron sacrificar ganancias materiales “para castigar” propuestas que consideraron desleales, revelando que no sólo las emociones, sino también la moral, pueden poner en jaque algunos paradigmas que la economía clásica ha defendido a ultranza.
  • En otro experimento, un economista comportamental, Colin Camerer, del Instituto Californiano de Tecnología en Pasadena, formó un equipo de investigación con el fin de indagar las imágenes cerebrales de un grupo de personas mientras éstas participaban en un juego denominado ultimátum. Se observó que, en el jugador que refutó la oferta por considerarla injusta, se activaron circuitos neuronales vinculados a las emociones: la ínsula anterior (asociada al disgusto tanto físico como emocional), la corteza prefrontal dorsolateral (asociada a la consecución de metas y control ejecutivo) y la corteza cingulada anterior (asociada a la detección de conflictos cognitivos).

Dentro del área de neuromarketing, Brian Knutson y colaboradores (2007), estudiaron que la preferencia por un producto, activa el núcleo accumbens (centro asociado con el sistema de recompensa, placer y apego). En cambio, la percepción del precio como excesivo provoca el rechazo de un producto y se correlaciona con la activación de la ínsula (involucrada con la sensación de injusticia y disgusto).

Esta información, de preferencia o rechazo, es procesada por la corteza prefrontal medial (también denominada orbitofrontal porque se ubica por encima de los ojos) que integra las sensaciones de pérdida y ganancia, determinando la decisión de compra.

Si en este proceso de integración predomina la activación de la ínsula, que se acompaña con una sensación de inequidad, la corteza prefrontal medial se desactiva desestimando la decisión de comprar el producto. En cambio si predomina la activación del núcleo accumbens, indicando el agrado por el producto, aumenta la activación de la corteza prefrontal medial anticipando la adquisición dicho producto.

Las siguientes imágenes ilustran cómo se ubican estos circuitos en el cerebro:

Sin embargo, la evaluación del precio constituye una variable subjetiva que depende del producto e influye sobre las expectativas y creencias del consumidor.

En algunos casos incrementar el precio de un producto aumenta la percepción de calidad del mismo. Esto se correlaciona con una sensación de placer que se integra en la corteza prefrontal medial, y nuevamente predispone a la persona a comprar el producto.

Una investigación dirigida por Antonio Rangel (2008), registró que las regiones cerebrales implicadas en la evaluación del placer, específicamente la región prefrontal medial u orbitofrontal, se activa en mayor medida cuando el vino que se bebe es de mayor precio.

Este estudio consistió en dar de probar a un grupo de 20 personas muestras de vino que se identificaban por diferentes precios. Las mismas muestras eran presentadas variando su precio de los 10 a los 90 dólares.
En todos los casos el vino más caro era apreciado como de mejor calidad, y se activaba la región orbitofrontal indicando una evaluación placentera.

La aplicación de neuroimágenes para analizar los neurocircuitos que subyacen la conducta de compra del consumidor, permite analizar variables que pueden ser controladas por las empresas, específicamente en el área de marketing, suministrando información mucho más fehaciente sobre lo que realmente ocurrirá que la que proporciona la investigación de mercados tradicional.

Por ejemplo, conociendo que los precios excesivos activan una estructura (ínsula) que genera conductas de rechazo, es posible minimizar esta activación otorgando, en este caso, facilidades de pago, con lo cual vuelve a predominar el circuito de preferencia por el producto. En otros casos de definirá el incremento del precio para lograr aumentar la percepción de calidad.

La decisión de compra involucra el procesamiento de la información en una red compleja de neurocircuitos en los cuales la percepción de un precio como justo o injusto, la evaluación de un producto como bueno o malo, la aceptación o rechazo del clima en un punto de ventas, entre otros factores, “alteran” los sistemas cerebrales de recompensa, es decir, aquellos que sopesan la relación costo-beneficio de cada decisión que debe tomar el consumidor haga lo que haga la publicidad.

Precisamente, una de las funciones de la región órbitofrontal es evaluar la recompensa y/o el castigo que “merecemos” por cada decisión tomada.

Los científicos han detectado que en el neurocircuito de recompensas intervienen tanto regiones corticales como subcorticales, incluyendo el striatum, dorsolateral prefrontal, orbitofrontal, entre otras, y que la activación de estas áreas predispone conductas de acercamiento y evaluaciones positivas que determinan una conducta de búsqueda en la cual la intención tiene correlato en la acción.

Además de estar implicada en procesos de toma de decisiones, esta zona del cerebro también se encuentra íntimamente relacionada con estructuras emocionales y, como sostiene Antonio Damasio, sin intervención del cerebro emocional difícilmente tomemos decisiones acertadas.

Estos hallazgos permiten iniciar un punto de partida al conocimiento de lo que sucede en el cerebro frente a los estímulos publicitarios, y en consecuencia, poder evitar aquellos que activen los neurocircuitos de conductas aversivas.

Parecería que los estudios mediante imágenes cerebrales tienen un enorme potencial para responder, o al menos orientar, el accionar de las empresas, tanto en el área de management como en su relacionamiento con la sociedad y el mercado.

1 Néstor Braidot, conferencista y consultor, Prof. de la Universidad de Salamanca, autor de Neuromarketing, Ed. Gestión 2000 (2009), Neuromanagement, Ed. Granica (2008), Neuroventas, Ed. Puerto Norte-Sur (2007), Neuromarketing, neuroeconomía y negocios, Ed. Puerto Norte-Sur (2006).

2 Sugerencias bibliográficas: Kahneman, D.; Knetsch, J. L. y Thaler, R. (1986): “Fairness as a Constraint on Profit Seeking: Entitlements in the Market”, American Economic Review, vol. 76, nº 4, septiembre, pp. 728-741, Kahneman, D.; Knetsch, J. L. y Thaler, R. (1991): “Fairness and the Assumptions of Economics”, en Thaler, R. (ed.), Quasi rational economics, Russell Sage Foundation, Nueva York, pp. 220-235.

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