La marca de una ONG

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La sobrevivencia de las actuales Organizaciones No Gubernamentales depende de que ellas logren sostener públicamente un tema y de que sean vistas por parte de los interesados como el vehículo de transformación de ese tema.

Para lograr esto, la ONG debe llegar a su público en busca de dos objetivos: primero, de propagar los valores, ideas y creencias que le dan sentido y entidad a esta organización. Pero segundo, debe lograr que sus grupos de interés se sientan involucrados y comprometidos con la organización. Así la ONG podrá lograr que los interesados aporten a su causa, tanto desde la participación directa como desde lo económico.

Estos objetivos obligan a que la imagen y comunicación de una ONG deba buscar por un lado agendar públicamente el tema propio que la ONG encarna, o sea interpretar la problemática sintetizando el diagnóstico de situación, peligros y soluciones posibles sobre ese tema. Por otro lado debe definir y diferenciar a en forma clara a esta ONG para que sea entendida como el protagonista específico de la solución del tema en cuestión. Esto requiere que la imagen que transmita la identidad de la organización cuente de alguna manera una historia o relato en donde se insinúe una causa y efecto, un presente y un futuro posible sobre el tema.

En este contexto, la marca de una ONG debe funcionar no solo como un símbolo de identificación, sino también como un discurso o slogan visual. Es decir que la marca instantáneamente debe logar que se entienda la agenda, el escenario de acción y la significación social de la organización. Un slogan visual que marque el terreno de trabajo pero que a la vez sea lo suficientemente seductor para atraer a toda persona vinculada con el tema.

Por su parte, el primer punto a tener en cuenta sobre la identidad e imagen de una institución es reconocer el rol que esta cumple ante la ciudadanía, para desde allí actuar con una cierta responsabilidad histórica. Esto no implica negar cualquier cambio sino que se debe entender que los cambios que se hagan afectarán a niños y adultos en sus parámetros e imaginación acerca de la cosa pública, con los efectos buenos o malos que esto tendrá para las distintas identidades colectivas relacionadas con esa institución.

La sobrevivencia de las actuales Organizaciones No Gubernamentales depende de que ellas logren sostener públicamente un tema y de que sean vistas por parte de los interesados como el vehículo de transformación de ese tema.

Para lograr esto, la ONG debe llegar a su público en busca de dos objetivos: primero, de propagar los valores, ideas y creencias que le dan sentido y entidad a esta organización. Pero segundo, debe lograr que sus grupos de interés se sientan involucrados y comprometidos con la organización. Así la ONG podrá lograr que los interesados aporten a su causa, tanto desde la participación directa como desde lo económico.

Estos objetivos obligan a que la imagen y comunicación de una ONG deba buscar por un lado agendar públicamente el tema propio que la ONG encarna, o sea interpretar la problemática sintetizando el diagnóstico de situación, peligros y soluciones posibles sobre ese tema. Por otro lado debe definir y diferenciar a en forma clara a esta ONG para que sea entendida como el protagonista específico de la solución del tema en cuestión. Esto requiere que la imagen que transmita la identidad de la organización cuente de alguna manera una historia o relato en donde se insinúe una causa y efecto, un presente y un futuro posible sobre el tema.

En este contexto, la marca de una ONG debe funcionar no solo como un símbolo de identificación, sino también como un discurso o slogan visual. Es decir que la marca instantáneamente debe logar que se entienda la agenda, el escenario de acción y la significación social de la organización. Un slogan visual que marque el terreno de trabajo pero que a la vez sea lo suficientemente seductor para atraer a toda persona vinculada con el tema.

Por su parte, el primer punto a tener en cuenta sobre la identidad e imagen de una institución es reconocer el rol que esta cumple ante la ciudadanía, para desde allí actuar con una cierta responsabilidad histórica. Esto no implica negar cualquier cambio sino que se debe entender que los cambios que se hagan afectarán a niños y adultos en sus parámetros e imaginación acerca de la cosa pública, con los efectos buenos o malos que esto tendrá para las distintas identidades colectivas relacionadas con esa institución.

© Sebastián Guerrini, 2010

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