La aspirina: Un Remedio para los más Diversos Males

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AspirinaA fines del pasado siglo, Farben fabriken vorm. Friedr. Bayer & Co. era una modesta empresa de Elberfeld que fabricaba tinturas y colorantes a partir del alquitrán de carbón, y que desde 1888 tenía un departamento farmacéutico. El químico Felix Hoffman, de 29 años, trabajaba allí buscando aplicación a los compuestos fenólicos que se obtenían como subproducto en la fabricación de la anilina, cuando pensó en preparar un derivado del ácido salicílico que no tuviese efectos secundarios. Su padre, enfermo de artritis reumatoide, sería el primer beneficiado si lo conseguía, ya que el salicilato sódico utilizado para tratar su enfermedad no sólo le provocaba náuseas, sino que las dosis usuales le resultaban intolerables para su estómago.
En agosto de 1897 Hoffman logró el ácido acetilsalicílico (suele abreviarse AAS), y lo dio a probar a su progenitor, quien obtuvo la recompensa del alivio de sus dolores sin efectos secundarios.
Tras los ensayos de estabilidad, pureza, eficacia, tolerancia y de todo tipo realizados por el farmacólogo Heinrich Dresser, dos años después el nuevo producto sería comercializado por la empresa Bayer con el nombre de Aspirina (Ver sección Marcas) y pronto se convertiría en el medicamento más popular.

El antecedente natural de la aspirina está en la corteza del sauce. Unos 400 años antes de Cristo, el médico griego Hipócrates de Cos recomendaba mascar la amarga corteza de ese árbol para aliviar el dolor y la fiebre. Más adelante, tanto los escritos de Dioscórides y Plinio el Viejo (Siglo I) como Galeno (Siglo II) recogieron el uso medicinal de las hojas del sauce. En 1763, un religioso inglés, el reverendo Edward Stone, realizó un estudio en el que utilizó un extracto de la corteza de Salix alba para reducir la fiebre de 50 pacientes. En 1828, J.A. Buchner, un profesor de farmacia, descubriría que la sustancia responsable de tales efectos era la salicina, un producto amarillo que podía ser extraído de la corteza del árbol.

Diez años después se conseguiría por primera vez el ácido salicílico, usado sobre todo para trastornos reumáticos, pero difícil de tolerar por su sabor desagradable y porque causaba irritaciones de garganta y estómago. El AAS fue obtenido por vez primera en 1853 por el francés Gerhardt, pero en una forma impura y que se descomponía, con lo que su logro no tuvo repercusión, hasta que Hoffman simplificó el método haciéndolo posible industrialmente, lo mejoró y obtuvo el ácido en forma pura y estable. Era un polvo cristalino, sedoso y blanco, de sabor amargo. A comienzos del siglo XX los médicos de todo el mundo recetaban ya aspirina para una gran variedad de dolencias, desde dolores de cabeza hasta tuberculosis, pasando por gripes, gonorrea y cualquier tipo de inflamación, como amigdalitis, rinitis, artritis o cistitis. Pero el uso más trascendental del medicamento había de llegar en la segunda mitad del siglo.
En 1954 científicos de la Universidad de Frankfurt comprobaron que el AAS evitaba la agregación de las plaquetas de la sangre, impidiendo la coagulación, lo que constituyó la primera pista para su utilización en la prevención de la formación de trombos. Como se sabe, éstos pueden taponar una fina arteria coronaria que esté semiobstruida y originar, por falta de riego, un infarto de miocardio. Pronto vinieron los resultados estadísticos que reflejaban las ventajas de utilizar Aspirina para el corazón; más tarde se comprendió su efecto.

Mientras continúa utilizándose como analgésico, antipirético y antiinflamatorio, el futuro se abre para un amplio uso de la Aspirina, sobre todo como preventivo del ataque cardíaco. Hoy, los especialistas afirman que el más efectivo, seguro y barato de los medicamentos que puede disminuir el riesgo cardiovascular es el ácido acetilsalicílico. Se ha calculado en 100.000 cada año las personas que, en todo el mundo, podría salvarse del peligro de un infarto tomando Aspirina en forma regular en pequeñas dosis.

Sin duda, la Aspirina es el fármaco por excelencia, el medicamento más utilizado y consumido en el mundo y el que puede aplicarse para la mayor diversidad de males, tan frecuentes y graves como la enfermedad cardiovascular. La ciencia química logró lo que la alquimia soñó: un remedio para los más diversos males.

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